Friday, 22 August 2014

Cambios

Cambios… ¿Los aceptamos? Pero, ¿es incluso válida la pregunta? Si aunque no los aceptáramos, de todas maneras aquellos cambios que no dependen de nuestra voluntad sucederían igualmente.

Supongamos entonces que aceptamos el hecho que escapa a nosotros el aceptar o rechazar el cambio, cualquiera que fuere. Supongamos también que el cambio se da, sin o con nuestra voluntad. ¿Qué posibilidades nos quedan?

Es en este punto en que, creo, se produce la gran inflexión. La actitud que tenemos, que tomamos frente al cambio. Unos lo viven como quien vive la lluvia, el viento, o cualquier otro fenómeno natural. Se sucede, se nos presenta, pasa a ser parte de nuestras vivencias, de nuestra historia. Lo aceptamos, no porque tengamos el poder de rechazarlo, sino porque es parte de ese camino que nos ha tocado o hemos elegido transitar.
Otros, en cambio, toman una postura diametralmente opuesta. El cambio sucede, se nos presenta, pero no lo aceptamos (como adelantáramos, no podemos rechazarlo, como tampoco podríamos con la lluvia o el viento). ¿Qué sucede? El cambio es una realidad, el cambio es y no lo aceptamos. ¿Lo ignoramos? ¿Desaparece?
Para aclarar en algo este punto, y evitar críticas tangenciales, cuando me refiero a un cambio lo hago respecto a un suceso (o proceso), un hecho natural, un acontecimiento que “es” sin intervención de la voluntad humana (al menos de aquella voluntad a quien el cambio afecta). Asimismo, sugiero centrarnos en aquellos cambios que traen como resultado y consecuencias un antes y un después en nuestras vidas, cambios fundamentales, cambios vitales, cambios básicos. Los ejemplos que inmediatamente se nos pueden ocurrir seguramente tendrán que ver con la muerte, alguna enfermedad no transitoria (cáncer, VIH, diabetes), rupturas de todo tipo, finales de historias. Pero también pueden tener que ver con acontecimientos entendidos como positivos, entre otros el nacimiento de un niño, ser dado de alta respecto a una enfermedad que en principio se pensó permanente, y demás.

De esta manera, ¿qué sucede cuando nos enfrentamos a un cambio fundamental y no buscado en nuestras vidas, y decidimos (consciente o inconscientemente) no aceptarlo? La realidad aquí se desdobla en dos: primero, el cambio; segundo, el individuo a quien el cambio acontece o, más específicamente, la actitud que este individuo toma.
De un lado, el cambio ocurre, ocurrió, ya “es”. El mudo que era antes del cambio “no es”. A manera de ejemplo, hasta ayer, hasta hace un instante vivía; ya no lo hago.

De otro lado, el sujeto que experimenta el cambio y no lo acepta. Es decir, vive con el cambio pero lo ignora. ¿Es realmente posible ignorar un cambio de tipo fundamental, vital? Creo que no. Y es que por más que nos empeñemos en hacernos los desentendidos, el cambio se manifestó y ya estamos muertos, enfermos, nos ascendieron, o tuvimos un hijo. De aquella realidad que “era” antes del cambio, solamente el recuerdo. El que no acepta el cambio, el que lo ignora (me refiero al que decide ignorarlo) vive entonces engañado en aquello que fue o aquello que será. Vive el presente en pasado o en futuro. Pero como somos siendo, es decir somos aquí y ahora, la no aceptación de este tipo de cambios hace que nuestra mente (lo que parecemos ser) deambule entre tiempos y lugares que no son. De allí a las grandes decepciones en las que tantos se pasan la vida, un paso…

Monday, 18 August 2014

Soy, existo; luego pienso

Arriba y adelante. Para atrás, ni para tomar impulso. Evolucionar sin cambiar: y es que la esencia es aquello que nos define, y si el precio para llegar es dejarla de lado, pues simplemente no llegamos. Es que si para evolucionar, cambiamos, ya no somos, mas parecemos ser. Se es siendo, nunca pareciendo.

Cada uno tiene un camino, una luz, un propósito; no somos más, pero tampoco menos, que pura energía, manifestación de la Madre que en este tipo de existencia se muestra en forma sensorial. La más básica, puede ser. No creo, sin embargo, que sea del todo así. Es que en este tipo de existencia lo aparente justamente “aparece”, se muestra sensorialmente. Es la comunión entre formas de energía, entendimiento, y las reglas de la física de este medio. Pero como toda regla, solamente explica de manera que el entendimiento, nuestra mente, consiga armar mapas conceptuales y rotular ideas. Y de allí la falacia. No hay ni habrá rótulo o concepto que devele la idea y menos aun lo que es, mas un mero intento superficial para aplacar la mente que no somos.
Otro concepto: la mente. Nuestra manera de conceptualizar esa voz o voces que sordas hablan desde adentro. Otra construcción conceptual para darle forma inteligible a algo que no llegamos a percibir sensorialmente. Sabemos, intuimos, nos rendimos a aceptar que es. Nace ahí la dicotomía básica entre el ser siendo y el ser que aparece. Uno es, el otro no. Uno es esencia, el otro forma. Uno es contenido, el otro marco conceptual.
De uno u otro, el marco, la forma, lo que no es parece haber ganado terreno, principalmente desde la Edad Media. Luego, iluminismo e ilustración oscurecen más la pintura. Pienso y luego existo: la contradicción más explícita. De suyo, ¿siendo que pienso en consecuencia existo? ¿Quiere decir ello que el pensar es condición necesaria de la existencia? ¿Es entonces la mente todo lo que soy? ¿Qué sucede con el sentir, el apreciar o evaluar sensorialmente, el amar?
¿Si desde otro lugar reescribimos: existo y luego pienso? De allí, porque soy puedo aparecer. Porque soy, puedo pensar. Pero también sentir, apreciar sensorialmente, amar. ¿No será en realidad que el ser es condición necesaria del pensar?


Continuando, ¿por qué soy? ¿Qué soy? ¿Ser, fui, soy, siendo, seré? Solamente soy siendo, aquí y ahora. No soy lo que fui, no soy lo que seré. Y sigo siendo. ¿Qué soy? No lo sé. Pues saber y pensar aparentan ser, mas no son. Meras construcciones conceptuales, formas. Ergo, si pensar y saber se limitan a aparecer, no pueden hacer inteligible aquello que es.

Monday, 7 July 2014

Yo gota

Llueve, lo veo a través de la ventana. De a ratos caen gotas espaciadas que revientan contra el vidrio. No creo que será torrencial. Pero el cielo continuará gris de seguro. Lo intuyo. Es uno de esos días de verano que más bien pertenecen a otra estación y sin saber cómo terminaron en esta.

Llueve un poco más. El vidrio está cruzado de líneas rectas de agua en puntos que se entrelazan en distintas formas geométricas y dejan aparecer triángulos y rombos, mayormente. Estoy entredormido, ¿o es que ya me dormí? No puede ser, ¡si acaso estoy escribiendo! Pero, ¿lo hago? Parpadeo… y veo solamente garabatos sobre el papel.

Sigo aquí… pasaron ¿cuántos?, ¿unos minutos? Me fui, ¿a dónde? El cuerpo evidencia la misma posición, en el mismo lugar, que momentos antes.

Aun llueve. La ventana ahora, con una cara totalmente cubierta de puntos líquidos y traslucidos. Unas contra otras las observo unirse y caer, resbalando hasta perderse de vista. ¿A dónde irán las gotas?, ¿a dónde va esa gota? Imagínome una de ellas. Hoy, ahora, soy una gota. Un segundo después, una línea de agua sobre la ventana; corro hacia abajo junto a otras, y termino con tantas más en pequeños charcos al borde de la ventana. ¿Sigo siendo gota o soy el charco? ¿Puedo ser uno y el otro? ¿O debo aceptar que deje de ser gota para amalgamarme a otras y ser algo distinto, más grande, sí, pero no gota? ¡Qué vida corta la de la gota de agua! O más bien, si sigo siendo gota aun estando en el charco, entonces lo seré también cuando el charco se haga de más gotas y se transforme en chorro de agua, y caigamos todas más abajo, al suelo. Y de allí, a la tierra o a alguna alcantarilla en la acera. ¿Y luego? Pues luego, torrente en la alcantarilla o esparcidas en el suelo para ser absorbidas por alguna otra forma de ser o evaporarnos, evaporarme con los primeros calores. ¿Sigo todavía siendo gota? No lo sé. Si ahora estoy dentro de esta planta o aquel animal, o en una nube, parece que de mi yo como gota ni cuenta queda. Pero me equivoco, quizá.

¡Qué difícil esto de ser gota! O mejor, ¡que aventura la de la gota! Un segundo, estoy allí, arriba, bien alto; al otro me estrello y bajo no imagino hasta que profundidades. De estar entre muchas, a quedarme sola, y volver con otras tantas. Corremos, nos estancamos, saltamos, volamos, flotamos, somos livianas, más que el aire, y pesadas instantes después.

Vuelvo en mi. ¿O vuelvo a mi? ¿Y no es que somos como las gotas?, ¿como esa gota?


Monday, 30 June 2014

Soy no siendo: ¿No soy siendo?

Blanco y celeste, el cielo desde la ventana.
Calma, quietud, silencio, la nada.
Paz, poder, interrogantes, respuestas vacías.
Preguntas sordas, ser, no ser, contradicciones.
Horizonte, distancia, te tengo, me tengo.
Me voy, me fui, ¿estoy?, ¡vengo!
Fui, soy, ¿soy? Parezco en acciones.
Pero sé−o no sé−que no soy en temporales ríos.
Mas soy−o no soy−en un sin tiempo alma desalmada.
Y es que sé−y no sé−que soy y no soy hoy, ayer, mañana.

Pilar, base, acápite, estrato, sustrato.
Contenido, continente, accidentes, esencia.
Me muero, ¿morí?, respiro, vacíos.
Suspiros, latidos, silencios, sentidos.

Fríos, cálidos, me ahogo, inspiro los ruidos.
¿Estoy?, ¿estuve?, me fui, me rio.
Las venas, el suelo, cordura, demencia.
Solo, todos, uno, ninguno, que harto.

Y vuelvo, ¿me fui?; si estoy, ¿dónde estuve?, lejana.
Intuyo, ¿lo veo?, ¿sin ojos?, ¿la razón?, ¿alada?
No lo creo, ¿creo cómo?, ¿cómo creo? Ya tardías.
Pero estoy, pero soy; pero sé, ¡qué facciones!
Llegando ya me fui, si no estoy, sigo yendo.
Así que, sin saber, sólo sé, sé soliendo.
Sí insisto que no insisto, en que fui, en que soy de reacciones.
¿O es que, como aquél, como él?, ¡espontáneo!, ¿desvaríos?
Mas soy−o no soy−en un sin tiempo alma desalmada.
Y es que sé−y no sé−que soy y no soy hoy, ayer, mañana.


Friday, 27 June 2014

Aventura o desventura

¿Obstáculos u oportunidades? ¿Muros impenetrables o que hay que saltar? ¿Montañas que admirar de lejos o escalar?

La vida es eso, una serie de eventos afortunados y desafortunados, una miríada de hechos y acontecimientos, actos y omisiones que nos suceden, que se suceden, o a los que les sucedemos. Como en cualquier caso, éstos pueden ser entendidos positiva o negativamente. Hoy no quiero ni siento filosofar o categorizar. Solamente plasmar en tinta y papel aquello que me viene a la mente en esos momentos que todos tenemos alguna vez en la vida en que nos planteamos preguntas como: ¿sigo? ¿empujo un poco más? ¿vale la pena?

Creo que como en todo caso, la respuesta no puede ser más que relativa, dependiente del quien, que, cuando. Tampoco intento o pretendo aleccionar; solamente pensar en voz alta.

Por eso, más allá del quien, que, cuando, prefiero, elijo siempre arrepentirme de haberlo hecho, intentado, que de dejar de lado el desafío. Pero no cualquier desafío, cualquier encuentro con lo nuevo, lo diferente, o lo inesperado. De esos no me ocupo aquí. La vida misma o los otros los hacen aparecer constantemente. Me refiero más bien a aspiraciones personales que, distinto a otras superficiales, o de momento, nos tocan el alma, o son parte de ella.

Primero, escribo aspiraciones y no sueños pues coincido con lo que alguien me dijo hace tiempo de la distancia entre aspirar a algo y soñar con algo. Pues si bien aspiraciones suena a algo promisorio, solamente lo es en potencia. En cambio, cuando soñamos, algo comienza a gestarse dentro nuestro y provoca una especie de necesidad por obtenerlo, lograrlo. De allí al planeamiento y la acción, o la sola acción estamos a un paso. Por eso, muchas ideas quedan en aspiraciones; esto es, mera potencia y virtualidad absoluta. Pero los sueños llevan esas meras aspiraciones teóricas a un punto más cerca de la realidad, sin ser del todo aun un hecho.

Luego, el o los problemas. Y es que si mantenemos el statu quo, el mundo que nos rodea, nuestro mundo, lo que es a nuestro alrededor, en principio podemos coincidir en que los obstáculos que encontraremos serán aquellos que cualquier persona en la misma situación encontraría. La vida me arroja, nos arroja, en principio, las mismas vicisitudes. Pero si agregamos a la ecuación nuestros sueños, nuestra manera de ver el mundo, aquello que nos define en esencia y que nos distingue de todos, del todo, es allí cuando espontáneamente se crean obstáculos en nuestro camino. ¿Por qué en nuestro camino y no en el del otro? Pues por ello mismo; la respuesta es implícita en la pregunta. Porque es nuestro camino y solamente nuestro.

Podemos compartir estaciones, razones, o la vida misma con alguien o algunos otros. Sin embargo, ellos no “verán” el mundo de la misma manera ni nosotros como ellos más allá de lo afines que seamos. Sutiles grises y azules, asperezas donde alguien observa calma y suavidad, y de allí, obstáculos donde otro encuentra aventura y muros por derribar, saltar, o escalar.

Entonces, de seres distintos y un mundo circundante similar a todos resultan tantas miradas y formas de vivir ese mundo cuantas miradas diferentes existan. Si en principio, consideramos que cada uno tiene una mirada particular, una esencia que lo hace ser lo que es, de ello sigue que habrán tantas formas de “vivir”, experimentar, ser en el todo como individuos sean.

Gran problema colateral: “como individuos sean”. Y me pregunto: ¿cuántos individuos son? Considero que el hecho de existir no implica directamente el ser. Pues el existir depende de la voluntad de otros−o no−los que llamamos padres. Sea la decisión tomada o puro accidente, nacemos, comenzamos a existir. Esto es, ocupamos un cierto espacio en el todo, y lo hacemos a un determinado tiempo−o lo hicimos, o posiblemente lo haremos. El ser es más sutil. Insisto, sutil; no complicado, mágico, o etéreo. Y es que todos podemos ser. El gran asunto de la humanidad es que no todos son, no todos somos.

De allí que observemos individuos que quieren ser cuando ya son-o tienen, mejor expresado, todas las condiciones para ser. Ergo, aspiran a lo que no son, sueñan sueños que poco tienen que ver con quienes son, y ponerlos en práctica o no, lograrlos o no, poco hacen a la diferencia, a su diferencia en el nivel del ser. ¿Por qué? Porque siguen una historia que les han contado, un ejemplo que les han mostrado, algo que han escuchado… han sido “culturizados” de manera tal que no reconocen lo que son de lo que no son. Y, si no reconocen lo que son de lo que no son, ¿cómo entonces pretender que puedan discernir las aspiraciones que los hacen ser de aquellas y aquellos que nada o poco tienen que ver con quienes son?


Pero bueno, parece que me entretuve en un paréntesis de las aventuras y desventuras y me quede con una meditación respecto al ser. A ver si la próxima guardo más la línea. Nos vemos…